lunes, 26 de diciembre de 2016

La puerta nunca volvió a cerrarse


La reunión se había prolongado por varias horas, los clientes estaban indecisos ante los equipos que les ofrecía Francisco Durán, gerente de ventas de una prestigiosa empresa de equipos de oficina.

Francisco era el mejor vendedor de la empresa, sabía llegar al cliente, entendía sus necesidades y era muy hábil a la hora de negociar condiciones de venta. Al final de la reunión, había concretado una importante venta y fue felicitado por el dueño de la empresa. Francisco se sentía muy contento y orgulloso de su trabajo.

Al final de la tarde una vez finalizada aquella extensa jornada laboral, tomó su automóvil rumbo a su casa. En el trayecto, su alegría se iba transformando en tristeza; al entrar a su casa, su rostro era sombrío, abrazó a sus dos hijos y buscó el control remoto del televisor.

Desde la cocina, se oía la voz de su esposa Irene –con quien estaba casado hace diez años- reclamándole que había llegado tarde, que si su trabajo era más importante que su familia, de su torpeza ya que no sabía arreglar el lavamanos que se había atascado.

Francisco se puso a ver un programa de televisión mientras Irene seguía con sus reclamos y regaños. En algún momento dejó de prestar atención a sus palabras y su mente comenzó a repasar su vida; se preguntaba por qué seguía en esa relación,
tal vez sería por su forma sumisa, al igual que lo era la mamá con el papá, un hombre exitoso en los negocios y de carácter fuerte.

A veces Francisco prefería estar en el trabajo que en su casa pero procuraba concentrase en sus hijos y no pensar tanto en su relación sentimental.

Se daba cuenta que su profesión era lo más importante, quería ser cada día mejor en su área laboral pero fuera de eso se sentía vacío internamente y no sabía qué hacer con esa sensación; procuraba rodearse de objetos materiales que le hacían sentir feliz por algunos días pero luego volvía a sentir el vacío. Su esposa ya no salía con él, prefería hacerlo con sus amigas.

A veces se sentaba en la terraza y observaba a su vecino Hans, un señor jubilado, que cuidaba su jardín y sembraba hortalizas, frutas y flores; pasaba horas en ésta actividad.

Siempre le saludaba y le preguntaba por sus plantas y le felicitaba por el hermoso trabajo que llevaba a cabo. Francisco tenía ganas de conversar un poco para olvidar esa sensación de vacío y aceptó la invitación que le hizo su vecino para tomar algo en su casa. Conversaron largo rato sobre diferentes temas pero invariablemente el estado de ánimo de Francisco se dejaba intuir y en algún punto comenzó a contarle a Hans lo que le sucedía. El vecino le escuchó atentamente y con mucho interés, asintiendo con la cabeza.

-Dime algo –le preguntó Hans, -aparte tu trabajo, ¿en qué empleas el resto del tiempo?.

-Procuro dedicarle el mayor tiempo posible a mis hijos, ayudándolos en sus tareas escolares y compartiendo con ellos; me gusta leer; en ocasiones me reúno con algunos amigos del trabajo pero siempre terminamos conversando sobre temas
laborales. Por lo demás, me ocupo que en nuestro hogar no falte nada, cuidando de la economía doméstica.

-De alguna manera, tu trabajo es el centro de tu vida- le indicó Hans –y aún cuando sales de él, te quedas dentro. En la vida todo necesita de un equilibrio; las actividades que desarrollamos se complementan unas con otras.

-Lo sé –interrumpió Francisco- necesito un hobby, tal vez practicar algún deporte o hacer bricolaje para mantener mi mente alejada del trabajo.

-Es mucho más que eso –prosiguió Hans-, es el sentido de la propia estima. En estos momentos tu autoestima viene determinada por algo externo, por la excelente opinión que tienen de ti en la empresa por tu desempeño tan sobresaliente y los consiguientes beneficios materiales que ésta situación te brinda.

-Es cierto –reconoció Francisco.

-La autoestima representa la opinión que tenemos de nosotros mismos cuando expresamos los talentos únicos de los que hemos sido dotados, sin importar la opinión que los demás tengan de nosotros. Cuando sabemos lo que valemos, los
comentarios negativos o los elogios de otras personas no tienen importancia.

-¿Y cómo sé yo cuáles son mis talentos únicos?- preguntó Francisco.

-Ya los posees pero no los has expresado adecuadamente. Tu éxito laboral viene dado por tu capacidad de comunicación, ése es un talento pero necesitas expresarlo en otras facetas de tu vida.

-Explícame mejor eso- inquirió Francisco.

-Tu educación fue dirigida a propósito hacia la consecución de metas materiales olvidando el equilibrio necesario en todo lo que hacemos. Toda tu actividad está regida por el hemisferio izquierdo del cerebro, que es quien maneja los aspectos
lógicos y de razonamiento. El equilibrio viene dado al usar el lado derecho del cerebro, que es el lado artístico, espiritual e intuitivo. En ese lado se encuentra la puerta.

-¿Qué puerta?- preguntó Francisco.

-La puerta al inconsciente- respondió Hans. Ahí está el mayor poder de nuestra mente y tu autoestima se encuentra en este nivel.

-¡Explícamelo mejor!- le pidió Francisco.

-Supongamos que eres pintor, una actividad artística cónsona con el lado derecho del cerebro. Al terminar una pintura, te sientes orgulloso de tu creación y de lo que eres capaz de hacer por ti mismo. En ese momento no te interesa lo que los demás piensen de tu obra: eso es autoestima.

Días después, mientras conducía a su trabajo, iba pensando en las palabras de su vecino Hans y en cuáles podrían ser los talentos únicos que él poseía y cómo expresarlos. Iba distraído en sus pensamientos y no se percató de un vehículo
que salía de un estacionamiento. Al darse cuenta, viró a la derecha y se estrelló contra un poste del tendido eléctrico.

Han pasado dos días y Francisco se despierta en el hospital. Su compañero de habitación le pregunta cómo se siente y en la conversación le cuenta que mientras estaba inconsciente fue visitado por la esposa, los hijos y varios compañeros de
trabajo.

Luego prohibieron las visitas para que pudiera descansar del accidente sufrido, que afortunadamente no tendría secuelas. Le contó igualmente, algo extrañado, que la esposa comenzó a decir en voz alta que él era un torpe y siempre andaba distraído y no era raro que chocara.

Francisco había oído otras veces estos comentarios en boca de su esposa y se había sentido mal por ellos pero en ésta ocasión no pudo más que reírse a carcajadas haciendo que su compañero de cuarto se contagiara y rieron los dos recordando las palabras de Irene.

La enfermera entró a la habitación y le informó de su estado de salud a Francisco indicándole que debía permanecer dos días más en el hospital pero que podía caminar un poco por los alrededores y le sugirió que se acercara al pabellón infantil
que estaba cerca donde las voluntarias de las «Damas Azules» dirigían actividades recreativas con los niños internados y sus madres.

Al momento de retirarse del pabellón las voluntarias, Francisco se acercó a Isabel, la que había dirigido las actividades, para comentar la labor que ellas desarrollaban.
Isabel le habló de las actividades con los niños con cáncer en dicho pabellón. Éstos niños permanecían junto a sus madres largas temporadas mientras reciben tratamiento y las voluntarias les proveen apoyo y momentos de alegría, amor, entusiasmo, diversión... a veces solicitan la presencia de otras personas para este fin.

Francisco pensó rápido; él era bueno entusiasmando a otros...al menos lo era con sus clientes...tal vez es diferente con niños... había leído también sobre los beneficios de la risa y del contacto físico en el proceso de curación. Le propuso a
Isabel si él podía organizar alguna actividad con los niños; a Isabel le agradó la idea y quedaron en llamarse para coordinar los detalles.

Una vez abandonó el hospital, Francisco consiguió a través de la empresa donde trabajaba, un televisor de pantalla gigante y un reproductor de DVD; compró varias películas infantiles, algunos disfraces y una alfombra grande. Isabel le informó
que los niños esperaban la sorpresa que él les tenía preparada para el sábado siguiente.

El día previsto, Francisco instaló los equipos y junto con Isabel reunieron a los niños para ver la película «Madagascar», sentados en la alfombra. Todos rieron a carcajadas con las aventuras de los animales del zoológico llevados al continente africano. Al final de la película, organizó una sesión de disfraces de animales del film y los niños comenzaron a imitar al animal que les pareció más divertido.

A medida que los niños conocieron más a Francisco, él los tomaba de la mano y los abrazaba a todos. En otra ocasión organizó una reunión para que los niños hablaran de sí mismos y sus expectativas sobre el futuro. El se limitaba a una escucha empática permaneciendo en silencio y prestando atención a lo que decían los niños.

Siguió organizando actividades con los niños los cuales estaban más entusiasmados y a su vez Francisco también se sentía mejor y sus estados depresivos desaparecieron.

Irene veía a su marido con extrañeza, él ya no le hacía caso, su mente estaba en otras cosas entre ellas Isabel.

Ha pasado algún tiempo y la presencia de Irene se hizo cada vez más difusa y en su lugar aparecía Isabel, vestida de azul, siempre sonriente. Hizo nuevas amistades y otras se alejaron; el panorama iba cambiando poco a poco sin darse él cuenta,
su entorno se modificaba y la puerta nunca volvió a cerrarse.



Elias Benzadon

La realidad no es lo que vemos


-¡Buenos días, tía!

-¡Buenos días... mi sobrino favorito!

-Tía, soy tu único sobrino, ja,ja,ja,ja,ja

-Por eso te llamo así, sobrino... no te veía hace algún tiempo...¿cómo te va en el nuevo liceo?

-Muy bien, tía; es un buen liceo, los profesores son muy buenos, las instalaciones son de primera y tengo algunos compañeros estupendos.

-¡Me alegra, mucho, sobrino!

-Ayer le comentaba a mamá algo que me inquieta, pero ella estaba muy atareada y me dijo: «¡Pregúntale a Isabel!», así que he venido a que me ayudes...

-En estas fechas mi hermana anda muy atareada con las clases que dicta en la universidad y el postgrado en psicología clínica... ni siquiera yo he podido hablar mucho con ella... pero cuéntame qué es lo que te inquieta, sobrino.

-Se trata de Ernesto, somos compañeros de clase, nos estamos convirtiendo en muy buenos amigos pero supe que él frecuenta a personas que no me agradan: no estudian, no trabajan, hablan un lenguaje muy vulgar, tienen peleas frecuentes con vecinos. A mi me simpatiza mucho Ernesto, él siempre tiene un lenguaje correcto, viste muy bien, es muy agradable, ordenado en sus cosas... no sé qué necesidad tiene de juntarse con ese tipo de personas.

-La realidad no es lo que vemos. Tu abuelo siempre decía refranes populares y recuerdo aquellos de «Dios los cría y ellos se juntan» o «Dime con quién andas y te diré quién eres». Tu amigo Ernesto puede parecer una persona de grandes cualidades pero internamente es muy similar a las personas con las que frecuenta.

-¿O sea que finge algo que no es?

-Probablemente. Las personas atraemos a quienes son iguales que nosotros, no por el aspecto físico sino por la manera de pensar; de igual modo atraemos las situaciones que armonizan con aquello en lo que pensamos la mayor parte del tiempo.

-Quieres decir que según aquello en lo que pienso, eso será lo que atraiga.

-Pues así es; cuando sales a la calle malhumorado, la gente te tropieza, te pisan el dedo gordo del pie, te empujan o alguien te insulta. Cuando sales de buen humor, positivo y alegre, encuentras gente amable, gente que te sonríe y muchas cosas más. Recuerdo hace poco iba caminando por la calle, llevaba rato con pensamientos negativos, juicios y críticas en mi mente y me detengo junto a otras personas esperando que cambie la luz para cruzar. En la acera de enfrente había una vagabunda recogiendo cosas del suelo, sorpresivamente levantó la vista, me miró y se dirigió a mí con gesto agresivo, me dijo que me fuera de ahí y literalmente me empujó.

-Ja,ja,ja,ja... me imagino la escena y cómo se habrán divertido los transeúntes...

-Así fue, yo me preguntaba por qué se dirigió a mí y no a otra persona y me sentí molesta. Luego me puse a razonar la cosa en profundidad para tranquilizarme. Supuse que esa señora tenía muy poca conciencia y en esa situación todo lo hace de manera inconsciente y en ese nivel leyó mis pensamientos agresivos....

-Tía, no entiendo lo que me dices...

-Ni yo, solamente buscaba una explicación lógica para mí, aunque me di cuenta de la importancia de tener pensamientos positivos.

-Es muy complicado todo eso, tía; ¿cómo hacen los pensamientos para provocar acontecimientos?

-¡Ay, sobrino!, no tengo la menor idea; el caso es que así sucede, es algo natural. La vida es para vivirla, no es para entenderla. Levantas la vista y ves un ave volando con las alas extendidas, sin moverse y te preguntas:«¿Cómo lo hace?»... pero, ¿acaso te preguntas qué sucede cuando te enamoras?

-Noooooooooo, tía, es algo maravilloso, es algo para vivirlo...

-Lo ves, si te pones a querer explicarlo todo, te pierdes lo hermoso.

-Ahora que me cuentas todo esto me estoy acordando de Julio, un compañero de clases, él es obeso y bastante torpe; los demás alumnos se ríen de él y no lo toman en cuenta, lo ignoran así que poco a poco se ha ido aislando. ¿Crees que sus pensamientos influyen en su situación?

-En parte, es bien sabido lo crueles que pueden ser algunos con quienes son diferentes a ellos pero las personas discriminadas se han autorrechazado por anticipado. Esto sucede sobre todo por los mensajes que transmiten los medios audiovisuales y la publicidad donde nos muestran solamente a personas con ciertas características físicas en cuanto a belleza, peso, estatura, color de piel...

-En la clase nos pidieron hacer un proyecto en grupos de a dos; nadie le ha pedido a Julio ser compañero de proyecto, a mí me lo han pedido varios pero yo les contesto que ya tengo compañero: no es cierto, le voy a decir a Julio para hacer el proyecto juntos.

-¡Bravo, sobrino!, tú eres como tu mamá, no toleras las injusticias. Tu amigo Julio no puede cambiar a las personas que lo rodean pero puede trabajar en sí mismo y tu gesto le va a ayudar mucho a quererse más.

-Sí, además Julio es muy inteligente... y sobre mi mamá, la he oído conversar con una vecina que es agredida por su pareja... ya sé lo que vas a decir... ¡ella atrajo a ese sujeto con sus pensamientos...!

-Pues aunque no lo creas, lo más probable es que así sea. Si tu vecina piensa que ella es «poquita cosa», que las demás personas son mejores ella, que no vale si no tiene una pareja con ella... atraerá a personas como el sujeto ese que confirma lo que ella cree. Cuando ella cambie de forma de pensar, esas personas ni se acercarán a ella...

-Tía, me tengo que ir, tengo una tarea de física para mañana...

-Dame un abrazo, sobrino... ven a visitarme con más frecuencia...

-Así lo haré, tía... chaooooooooo

Elias Benzadon

Reconocer su propio sueño


-¡Buenas noches, tía!

-¡Buenas noches, sobrino!... tu mamá me dijo que ibas a venir... pasa...

-Tía, no sé que hacer, las cosas se están complicando mucho.


-Ven, siéntate y cuéntame qué es lo que sucede.


-He vuelto a tener una fuerte discusión con mi papá. Él se molestó muchísimo cuando supo que había reprobado tres materias..., que tanto que él trabaja para poder pagarme el liceo al que voy, que no estoy estudiando lo suficiente, que me la paso escuchando música en vez de estudiar, que ando pendiente de enviar mensajes por el celular en lugar de repasar las materias...


-¿Y tú que le contestaste?


-Me defendí diciéndole que algunos profesores la tenían tomada conmigo, eso hizo que se enfadara aún más, finalmente le prometí que iba a estudiar más todos los días de la semana para aprobar las materias...


- Buena decisión de tu parte...


-La cosa no termina ahí... me llamó mi novia, muy contenta, para decirme que había comprado el vestido nuevo para la  fiesta de quince años de su prima este fin de semana próximo.


-Me imagino lo que me vas a decir...


-Le dije que no iba a poder ir, que había prometido a mi papá estudiar todos los días... se enfadó muchísimo, me dijo que no quería volver a verme nunca más, que esto no me lo perdonaría jamás y otras «sutilezas» más...


-Sigue contando...


-Al rato me llamó la mamá de mi novia, me dijo que su hija estaba encerrada en su habitación, llorando sin cesar, que porqué yo le hacía esto, que el vestido nuevo había costado muy caro y no sé cuántas cosas más, me dijo incluso que iba a hablar con mi papá sobre el asunto, le dije que mejor ni lo intentara sino quería empeorar más las cosas...


-¿Y qué piensas hacer al respecto?


-¡Me provoca salir corriendo e irme a un lugar que esté bien lejos, tía!


-¿No te gustaría ir a «Shangri-Lá»?


-¿Qué lugar es ese, tía? ¡Nunca he oído hablar de él!


-Es un lugar maravilloso, de ensueño. Es un lugar al que nos gustaría ir cuando las cosas se complican a nuestro alrededor, un lugar de paz y seguridad donde vivir no es una lucha constante sino una larga delicia.


-Ya me está empezando a gustar el sitio...


-Déjame contarte más cosas sobre este lugar maravilloso... en Shangri-Lá creen en la moderación, predican la virtud de evitar excesos de cualquier especie; el lugar se rige con restricciones moderadas y reciben satisfechos la obediencia moderada. Son moderadamente honestos y de alguna manera más que moderadamente felices.


-A mi papá no le gustaría ese sitio...


-En Shangri-Lá no hay crimen ya que al criminal lo hace usualmente la carencia, la envidia, el deseo de poseer algo que pertenece a otro; y en este lugar hay suficiente para todos. La norma allí es la cortesía que ayuda a suavizar el problema más complicado. No existe el dinero tal como lo conocemos, no compran ni venden sino que intercambian con otros lugares aquello que abunda por lo que puedan necesitar; no existen fortunas personales porque allí no hay un futuro incierto por el cual deba uno acumularlo.


-Tía, ¿dónde se encuentra ese lugar?


-En un lugar remoto del Tíbet, en los valles del Himalaya.


-Tía, eso queda muy lejos además ahí debe hacer un frío bárbaro... yo estoy acostumbrado al calor venezolano.


-Una vez que cruzas la entrada al valle de Shangri-Lá, el clima es muy agradable, con sol moderado. La regla allá es un cuerpo perfecto y excelente salud gracias al clima, la dieta, el agua de montaña, cero angustia.


-Eso me haría falta, estos días ando muy estresado...


-Como dato curioso, allí no celebran los cumpleaños tal como lo hacemos nosotros. Ellos opinan que la edad es un límite que nos imponemos a nosotros mismos, cada vez que celebramos un cumpleaños construimos otra barrera alrededor de nuestras mentes...


-Lástima, a mí me gustan mucho los cumpleaños.


-Lo que sucede es que mientras permanezcas en Shangri-Lá, no envejeces; las personas de cien años de edad conservan el aspecto de jóvenes de treinta...


-Tíaaaaaaa...¡ese lugar no existe!


-Tal vez no, pero todo el mundo sueña con él, con encontrarlo. Muchos están en esa búsqueda, algunos no lo encuentran jamás, otros ya viven en él y no lo saben.


-¡Ay, tía... no entiendo nada!


-Pues te lo voy a explicar, ayer vino mi amiga Cristina, y trajo una película muy vieja, en blanco y negro, para que la viéramos juntas. Se titula «Horizontes perdidos» y trata sobre Robert Conway, un hombre que tuvo un gran sueño y lo vio convertirse en realidad. Conway era soldado, diplomático, héroe público además de escritor. Él escribía acerca de mundos mejores, decía que había momentos en la vida de cada hombre en que vislumbra la eternidad...


-Mejor no te cuento lo que vislumbro en este momento...


-Ja, ja, ja, ja,... Conway es enviado a China, junto con su hermano, a rescatar a un grupo de personas. Su avión es secuestrado y es llevado a Shangri-Lá. Al principio los pasajeros sólo piensan en salir de ahí pero poco a poco se van acostumbrando al sitio, a todos los beneficios que les ofrece, ponen sus habilidades al servicio de la comunidad y encuentran un sentido y propósito en sus vidas


-¡Ya no hacen películas como esa...!


-Por su parte, Conway se entera que fue traído para convertirse en el Gran Lama y suceder al fundador del lugar, el Padre Perrault. Pese a sus grandes ideales, a Conway no le entusiasma un futuro prolongado, este necesita tener algún sentido y a veces duda que la vida tenga en sí alguno y si es así, entonces una larga vida sería aun más inútil; necesita una razón más definitiva para seguir y seguir...


-Yo muchas veces me aburro horriblemente en una tarde lluviosa de domingo...


-Su hermano le convence de abandonar el lugar y él, incapaz de reconocer su propio sueño cuando lo tuvo delante, deja Shangri-Lá. Al alejarse, se ve envuelto en situaciones dramáticas y peligros, se da cuenta que el sentido y el propósito de su vida están en Shangri-Lá teniendo que hacer

esfuerzos sobrehumanos para regresar finalmente.

-Tíaaaaaa, ¿qué tiene que ver conmigo esta historia que me has contado?


-Lo que te dije antes, sobrino, que hay personas que ya viven en Shangri-Lá y no lo saben...


-Si hubieras oído a mi papá y a mi novia, pensarías distinto...


-Tú tienes todo lo que un adolescente puede querer: unos padres que te aman, vives en una hermosa casa, tienes amigos, sales con una joven maravillosa, estudias y te preparas para el futuro y además tienes una tía que te adora...


-Sííííííí, y yo te quiero mucho, tía...


-Lo que sucede es que muchas veces no vemos lo que tenemos y a veces tenemos que distanciarnos para darnos cuenta o sencillamente nos la pasamos soñando con lo que nos gustaría

tener y no vivimos el momento presente.

-Explícamelo mejor, tía...


-Por ejemplo, un matrimonio... él ve a su esposa y piensa porqué ella no posee ciertos atributos físicos, o que ella no sabe preparar sushi o no juega al tenis... y no valora otras muchas cualidades que ella posee. Por su parte, la esposa ve a su marido y piensa porqué él no es súper romántico, detallista, más alegre y espontáneo... y los dos sueñan con su Shangri-Lá «versión pareja» y se alejan de la realidad presente...


-Ya sé, el príncipe azul o la princesa de los cuentos de hadas...


-Recuerdo algo que leí... una señora de buena posición social buscaba a la pareja perfecta; cuando llegó a los setenta años aun no la había encontrado. Un amigo le preguntó si durante todos esos años no se había topado aunque sea una sola vez con el hombre perfecto. Ella le contestó que sí, que una vez conoció al hombre perfecto. Él le preguntó que porqué no se casó con él. Ella le respondió, con tristeza, que él también buscaba a la mujer perfecta...


-Ya sé tía... la perfección sólo existe en la mente de cada persona y por supuesto es diferente para cada uno de nosotros...


-Por supuesto, sobrino... si no fuera así, el mundo sería un lugar muy aburrido, te imaginas la ropa perfecta, el automóvil perfecto, la figura perfecta, el color perfecto...


-Nooooooooo, la comida perfecta... mi mamá siempre me prepararía la misma comida todos los días...


-Te aburrirías, ya lo sé...


-De cualquier forma, me hubiera gustado pasar un fin de semana en el Shangri-Lá tibetano...


-El verdadero Shangri-Lá sí existe...


-Tíaaaaa, ahora me vas a decir que se encuentra en algún lugar remoto de la Antártida...


-No, sobrino, está muy cerca, está dentro de ti, es el lugar que Robert Conway describió como «aquellos momentos en que vislumbramos la eternidad». Es cuando te sientes bien contigo

mismo, cuando haces las cosas que te gustan más, cuando eres tú mismo, cuando escuchas a solas esa música que tanto te gusta, comes ese plato que tanto adoras, cuando estás en contacto con la naturaleza... ¡son tantas cosas...!

-Hace un par de semanas, un día no tuvimos clase, y acompañé a mi papá a la playa, él iba a hacer negocios con el dueño de un hotel, así que mientras él conversaba con dicha persona, yo me fui a caminar por el malecón, la playa estaba vacía, y me senté en las rocas a ver cómo chocaban las olas, no sé cuanto tiempo pasé allí, pero recuerdo que me sentí muy bien, nada me preocupaba, me sentía parte de todo aquello... luego vino mi papá a decirme que nos íbamos de regreso a Caracas.


-Te voy a contar uno de mis Shangri-Lá... pero prométeme no reírte ni contárselo a nadie...


-Te lo prometo, tía...


-Los viernes en la noche, cuando tu tío ya se durmió, me voy al estudio a escribir, escribo cosas que me gustan, cosas que siento... pero antes de eso me preparo un sándwich enorme con mayonesa, bastante jamón, rodajas de tomate, hojas de lechuga... luego pongo un disco de Nana Mouskouri, con volumen bajo... y se me van las horas, hasta que el sueño me reclama...


-¡Te voy a visitar uno de estos viernes en la noche...!


-Noooooo, ése es mi Shangri-Lá...


-Lo sé, tía, es algo muy tuyo... ¡y no se lo voy a contar a nadie, ja,ja,ja,ja!


-Es nuestro secreto, ja, ja, ja, ja, ja


-Tía, sabes qué, voy a hablar con mi papá, le voy a decir todo lo importante que él es para mí, que voy a estudiar mucho y que me gustaría ir a la fiesta con mi novia...


-Seguro que él entenderá...


-Luego llamaré a mi novia para decirle lo maravillosa que se va a ver con el vestido nuevo cuando vayamos a la fiesta de su prima... y ahora me voy porque son muchas las cosas que tengo que hacer... ¡te quiero mucho, tía! chaoooooooo...


-Yo también te quiero mucho, sobrino, chaoooooo...


Elias Benzadon


No quiero llegar tarde


-¡Buenas tardes, tía!

-¡Buenas tardes, sobrino!... traes una cara de pocos amigos hoy... ¿qué te sucede?


-Tía, lo que sucede es que mi mamá recibió una notificación del liceo porque estoy llegando tarde a clase... imaginarás que mi mamá no está nada contenta... ¡que ya estoy mayorcito!, ¡que debo ser más responsable con mis cosas!


-Cuéntame, ¿por qué llegas tarde?


-Me duermo tarde viendo alguna película o chateando por Internet con mi novia, luego en la mañana me cuesta levantarme, en algún momento veo la hora en el despertador y me levanto rápido, todo nervioso, comienzo a repetir varias veces, en voz alta: «¡No quiero llegar tarde!», «¡No voy a llegar tarde!»...


-Y llegas tarde, por lo que me contaste antes...


-Sí, tía, varias veces... me aseo rápido, me visto, luego se me olvida algo... no sé dónde dejé el móvil, o al llegar a la puerta se me olvidaron las llaves, incluso hasta el ascensor se daña o las escaleras están mojadas porque las están limpiando... el viernes pasado estuve a punto de caerme porque patiné... con tanto retraso, luego llego tarde al liceo...


-Si mejorarás tu hábitos nocturnos, te levantarías más temprano o tal vez no, ya sé que te encanta dormir...


-Antes mi mamá me despertaba pero ahora se va temprano a la universidad.


-Pero la cuestión es que una vez que te despiertas, tienes a tu sirviente que hace lo que le pides...


-Tía, ¡en la casa no tenemos mayordomo!


-Me refiero a tu mente, ella está a tu servicio todo el día y hace todo lo que pides.


-Pues debe haber interferencia porque yo le digo que «no quiero llegar tarde» y ella hace todo lo contrario.


-Lo que pasa es que tu mente se mueve hacia lo que piensas, se aproxima a las cosas, no retrocede con respecto a ellas.


-Tíaaaaaaaa, no entiendo...


-Ja,ja,ja, disculpa sobrino, por un momento me imaginé que estaba en uno de los talleres de Crecimiento Personal que doy en varias empresas.


-Ya te estás trayendo trabajo a casa, ja,ja,ja


-Ja,ja,ja, algo así... un sirviente es alguien que está entrenado para hacer cosas, esa es su misión y no entiende cuando le dices que no haga algo.


-Ya me siento como el Faraón dando órdenes a mis sirvientes.


-Eso es, el Faraón daba órdenes directas y los sirvientes las cumplían.


-Ya voy entendiendo tía, si la mente es mi sirviente debo decirle lo que quiero que haga y no lo contrario; debo decirle que «quiero llegar temprano».


-Claro, sobrino, cuando tú le dices que «no quieres llegar tarde», tu mente entiende que «quieres llegar tarde» y busca los mecanismos para complacerte.


-¿Cómo lo hace?


-Hace que se te olviden las llaves para que te regreses, que no sepas dónde dejaste el móvil para que te demores buscándolo y hace que se estropee el ascensor...


-¡Noooooo, mi papá dijo que era una avería importante y resulta que es por mi culpa...!


-Ja,ja,ja, es broma, sobrino, no te asustes... pero de cualquier forma todas esas cosas hacen que llegues tarde y tu mente habrá cumplido la misión encomendada.


-Ya veo que pensar cosas negativas no sirve de nada.


-Es cierto, sobrino, el pensamiento positivo es algo práctico y útil, siempre debemos pensar en lo que queremos... las personas que siempre piensan que no quieren enfermarse, en realidad se enferman a menudo.


-Y si pienso que «no quiero ganar a la lotería», ¿crees que gane mucho dinero?


-Creo que perderías tu dinero porque no es posible conseguir algo a cambio de nada, es como querer recoger una cosecha sin hacerla sembrado primero.


-U obtener el título de bachiller sin haber estudiado...


-Para recibir primero hay que dar así que si quieres ganar mucho dinero, lo mejor es que estudies mucho y juega sobre seguro.


-Con la ayuda de mi sirviente a tiempo completo...


-Sí, es tan eficiente que ni siquiera duerme, va contigo a todas partes, siempre discreto y servicial,... me estoy acordando de algo que me contó estos días un compañero de trabajo.


¿Cómo se llama él?


William, y es un excelente chófer y siempre dispuesto a ayudar a los amigos.


-¿Y qué fue lo que pasó?


-Pues ocurre que Gabriela, una buena amiga de él, se iba a casar y le pidió que le sirviera de chófer. Él aceptó entusiasmado y el día de la boda, ataviado para la ocasión, llevó a los novios a la iglesia.


-¿Y luego?


-Al finalizar la ceremonia, condujo a la pareja de recién casados a la sala de fiestas dónde celebraban la recepción. Ahí estuvo compartiendo con algunos amigos y se tomó algunas copas.


-Sigue...


-Después, ya no recuerda lo que pasó luego. Lo siguiente que sabe es que despertó en su casa, llevaba la camisa y la corbata puestas... se asomó a la ventana y vio el automóvil de su amiga estacionado fuera.


-¿Y qué le sucedió, tía?... ¿se suponía que tenía que llevar luego a la pareja al hotel para la noche de bodas?


-Y así lo hizo, los llevó y luego regresó a su casa, según le contó Gabriela.


¡Menudo misterio!


-Lo que le pasó fue que por haber tomado unas copas de más, en algún momento de la recepción, no tuvo más conciencia de sí mismo y a partir de ahí su «sirviente fiel» se hizo cargo de él...


-Ya sé, como en los aviones, el piloto automático... digamos que el sirviente se llama Willy...


-Eso es... Willy está con él desde que nació, ha memorizado todo, cómo caminar, cómo conducir un vehículo, cómo desplazarse por la ciudad, así que tomó el control y completó lo que su amo no pudo... por eso él no recuerda nada...


-¡Este Willy es muy servicial y muy eficiente! Willy aprende todo lo que le enseñan para poder usarlo luego.


-Claro, te ayuda a hacer de todo pero tienes que enseñarle primero para que él lo memorice.


-¿Y le puedo enseñar a ser feliz?


-Claro que sí, pero también a ser infeliz, él no entiende la diferencia, él solo cumple órdenes sin chistar. Hay mucha gente que vive infeliz, todo el tiempo de mal humor...


-Yo tengo una vecina así...


-Las próximas veces que la veas, llámala por su nombre y dedícale una sonrisa.


-Lo haré tía, y ahora me voy, esta noche me duermo temprano y mañana seguro llego temprano al liceo.


-Dame un abrazo, sobrino, te quiero mucho...


-Yo también, tía... chao



Elias Benzadon


Morirse es vivir


A veces hemos oído que mucha gente tiene miedo a la muerte, a morir, al más allá... pero en realidad no se dan cuenta que su temor es distinto: en realidad tienen miedo a «vivir», concretamente a no haber vivido y que la muerte les alcance después de haber llevado una vida mediocre.

La famosa psiquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross organizaba unos talleres para personas que tenían miedo a la muerte y uno de los objetivos era que los participantes se dieran cuenta que su temor era infundado y que en realidad su mayor miedo era a no vivir plenamente.


En este punto, nos hacemos esta pregunta: ¿si mi temor real es a no vivir, por qué pienso que es a morir?. La respuesta viene dada por algo que todos tenemos: El Ego. Los animales también lo tienen y se llama «instinto de supervivencia». El Ego nace con nosotros y nos acompaña toda la vida.


De niños, necesitamos cosas para poder sobrevivir como es el alimento o el amor de nuestros padres, en ese punto el Ego nos dice que merezcamos la aprobación de nuestros progenitores para que sigan dándonos alimento y amor.


A medida que pasa el tiempo utiliza otros métodos para protegernos y el favorito es la «proyección»: vemos en los demás los defectos que nos desagradan de nosotros mismos pero no queremos reconocer. El Ego nos convence que los defectos los tienen los demás y no nosotros y así, nos protege de mayores sufrimientos.


El Ego también tergiversa la realidad en su afán de supervivencia, nos convence que no es que tengamos miedo a no vivir sino que le tememos a la muerte: es algo más fácil de manejar, la muerte es algo inevitable.


La vida es un ciclo infinito de nacer, vivir y morir. Alguien dijo alguna vez que «la muerte está tan segura de su victoria que nos da toda una vida de ventaja»; después de la muerte no sabemos qué sucede aunque yo creo que la conciencia sobrevive después de fallecer.


El Ego siempre está activo para cumplir su función pero los seres humanos disponemos de algo que no poseen los animales: la conciencia, que nos permite ejercer nuestro libre albedrío, el «darse cuenta» es algo que no poseen los animales, un gato no sabe que es un gato.


En todas las circunstancias de la vida, siempre y cuando no ejerzamos nuestro libre albedrío, el Ego va a tomar el control. Si no nos damos cuenta que tenemos miedo a no vivir, el Ego nos va a convencer que tenemos miedo a morir.


Cuando decimos que hay que «vivir plenamente» podemos imaginar una vida llena de lujos, viajes alrededor del mundo, propiedades, glamour...es cierto, es una forma pero no está al alcance de todo el mundo, hay otras formas.


¿Saben cuál es, en mi opinión, uno de los colectivos más felices del mundo? Las monjas. Algunos podrán pensar que ellas llevan una vida muy austera, sin lujos, dedicadas a servir al prójimo... realmente ellas son felices.


La clave está en que salieron del «yo» y entraron en el «tú», dejaron de atender las necesidades del Ego y se volcaron en los demás. Cuando nos concentramos mucho en nosotros mismos, el Ego adquiere más fuerza, nos dice cosas como que tenemos la autoestima baja, que estamos obesos, feos, perdiendo el cabello, que nadie nos quiere...


Cuando dejamos de ocuparnos de nosotros mismos, el Ego se debilita y aquellas cosas que nos preocupaban pasan a un segundo plano: estamos demasiado ocupados para eso.


No todo el mundo tiene la vocación de una monja pero podemos aplicar en nuestra vida esta filosofía de vida. Por ejemplo, si tu profesión es la venta, en lugar de pensar «¿Cuánto voy a ganar en esta operación?», nos concentramos en «¿Cómo puedo servir al cliente con mi producto?». El dinero es algo que se derivará del servicio, este es uno de los secretos mejor guardados de los vendedores más exitosos.


Otra forma es obsequiar parte de nuestro tiempo libre en ayudar a otros, puede ser un compañero de trabajo para que conozca mejor su trabajo, apoyar alguna organización sin fines de lucro, disponer de una web que ayude a mejorar la vida de otras personas y cosas por el estilo. Hace algunas décadas el Doctor Albert Schweitzer, Premio Nobel de la Paz en 1952, dijo algo que resume esta idea: «No sé cuál será su destino, pero hay algo que sí sé: los únicos entre ustedes que serán realmente felices son los que han buscado y encontrado el modo de servir».


¿Recuerdan la película de animación «Up una aventura de altura»?, en ella vemos a un niño y una niña amantes de la aventura, ella tiene un álbum donde va colocando las aventuras que ha tenido y otra sección para las que tenga en el futuro entre ellas ir al punto más alto de un tepuy en Venezuela. Pasados los años, se convierten en marido y mujer, ella no puede tener hijos lo que hace que se unan más.


Llevan una vida normal pero siempre con el sueño del gran viaje pero cuando tienen algún dinero ahorrado, surge algún imprevisto y tienen que gastarlo. Pasan los años y ya son ancianos, ella fallece y él se queda solo y con la tristeza de no haber podido cumplir el sueño que tenía con su esposa.


Emprende una aventura fantástica para llegar al tepuy y un día revisando el álbum de su esposa, descubre que en la sección de aventuras futuras, hay numerosas fotos donde aparecen los dos en situaciones cotidianas como un paseo, un cumpleaños, haciendo picnic... y al final una frase escrita antes de morir dedicada a su marido: «Gracias por la aventura. Ahora ve a por más». El vivir la vida está asociado a cuanto amor damos y recibimos, el bien que hacemos, pensar positivamente, la cercanía con los seres queridos.


Hace algún tiempo vi una obra de teatro del dramaturgo Enrique Jardiel Poncela titulado «Cuatro corazones con freno y marcha atrás». En dicha obra un grupo de parejas, temerosos de envejecer y morir, se someten a un experimento que hace que no envejezcan y mueran.


Al pasar de los años, esta situación los retira de una sociedad donde todos envejecen y mueren y se trasladan a una isla desierta. En ese lugar, uno de los personajes de la obra hace la siguiente reflexión: «Morirse es un acierto estupendo. Morirse es vivir. Cuando se ha sabido aprovechar la vida, morirse es vivir. De igual modo que cuando no se ha sabido aprovechar la vida, vivir es morirse.»


Elias Benzadon


Ese placer te va a durar mucho tiempo


Jorge era muy desdichado, su obesidad le causaba muchos problemas: tenía dolores de espalda, era objeto de burlas por parte de sus compañeros de trabajo y no había podido tener una relación sentimental estable.


Jorge se decía a sí mismo que ninguna mujer querría tener como pareja a una persona tan obesa como él; de la misma forma pensaba cuando veía que no le habían concedido el ascenso laboral que había solicitado.

Algún tiempo atrás comenzó a deprimirse por razones que no recuerda bien y su atención se dirigió hacia la comida; comía todo el tiempo sobre todo cuando iba a ver televisión; poco después cada vez que veía televisión, comía.

Cansado de su situación, comenzó a hacer una dieta y acudir al gimnasio para bajar de peso, todo según el tratamiento diseñado por su médico. A la vuelta de algunas semanas, comenzó a ver los resultados cuando se pesaba en las mañanas, al ver que la ropa le quedaba holgada y oír los comentarios positivos de sus compañeros de trabajo.

Pero la tentación de la comida era muy fuerte y casi sin darse cuenta iba recuperando el sobrepeso que tenía antes. Luego le invadía un sentimiento de culpabilidad y se deprimía, pero cada vez que Jorge se deprimía, comía. Era un ciclo sin fin. De alguna manera se daba cuenta que hacer otra dieta para adelgazar no iba a resolver su problema; a su mente acudían imágenes de años anteriores donde había hecho algunas dietas que había leído en alguna revista o visto en televisión.

Para despejar la mente, Jorge se fue a pasear al parque. Mientras caminaba, seguía pensando en su problema, sin prestar atención a lo que había alrededor de él. Pero la calidez de aquella mañana de sábado lo invadió al fin y su problema y la búsqueda de una solución para el mismo se fueron con aquel globo que se le escapó a un niño de las manos.

Absorto en el paisaje, no reparó en aquella persona que se acercaba rápidamente hasta él.

-¡Hola Jorge!, ¿cómo estás? ¿Te acuerdas de mí?

-¡Claro que sí, Vicente! ¡Cuánto tiempo sin verte!

Jorge no veía a Vicente desde hacía unos diez años, cuando éste se había retirado de la empresa donde Jorge trabaja. Recordó que habían sido buenos compañeros de trabajo, tenían largas charlas y cuando se lo pedía, Vicente daba muy buenos consejos.

Estuvieron largo rato recordando viejos tiempos, riéndose y contándose mutuamente lo que habían hecho desde que dejaron de verse. Durante la conversación, Jorge le contó los problemas que tenía con el sobrepeso y su fracaso en sus intentos de hacer dieta.

-Déjame decirte algo, Jorge, -le comenta Vicente, mientras saborea un helado de chocolate, -una dieta es el primer paso para controlar el sobrepeso, no es la solución definitiva. Mientras sigas asociando la comida con el placer, de manera inconsciente eres atraído hacia la ingesta en exceso de alimentos, imaginando que ese placer te va a durar mucho tiempo.

»Los resultados de una dieta efectiva te proporcionan un nuevo paradigma donde comienzas a asociar el placer y alegría de vivir a cosas como verte esbelto, alejar los
problemas que el sobrepeso te causa, los beneficios de hacer ejercicio y tener una mejor salud, disfrutar comidas más naturales; pero sin necesidad de privarte de un delicioso helado en un momento determinado, como yo estoy haciendo en este momento.

-Yo sé el daño que todo esto me causa, le contestó Jorge, - pero aún así no logro controlarlo.

-Usa tus privilegios, -le respondió Vicente, la clave es la conciencia. Tú tienes la capacidad de observar tus pensamientos cuando llegan. Supongamos que te llega un
pensamiento que te dice lo suculento que sería que te comieras una deliciosa torta de chocolate; tú ves llegar el pensamiento y lo observas sin alterarte. Cuando no le prestas mayor atención al pensamiento, éste se desvanece. Esto lo puedes hacer porque tú no eres tus pensamientos, tú eres el pensador de los pensamientos.

»Cuando practiques lo suficiente este estado de conciencia fijando la atención, aquellos pensamientos que te llevaban a comer en exceso, se irán alejando y serán sustituidos por otros que te aporten mayor felicidad y salud.

Los consejos de Vicente dieron buenos resultados pero Jorge aún tiene el problema de no tener una relación sentimental estable aunque en realidad el problema es que ya no le puede echar la culpa al sobrepeso.

Elias Benzadon

Las cosas que nos suceden


¿Cuántas veces nos hemos sentido mal luego de un comentario negativo que nos hayan hecho? Probablemente, mostramos a la otra persona que no le dimos importancia pero más tarde empezamos a sentirnos mal y en muchos casos nos ponemos tristes. Esto ocurre cuando reaccionamos a estímulos.

Un estímulo es cualquier cosa que sucede sea buena o mala, tal como recibir una mala noticia, ser objeto de una crítica o un elogio inesperado, que comience a llover o salga el sol, que el horóscopo chino diga que tu relación sentimental no tiene futuro.

Puede ser cualquier cosa y lo que sucede o el estímulo tiene poca importancia, lo que cuenta es cómo nos sentimos o la reacción. Esta reacción no es verbal o gestual ante los demás, es cómo reaccionamos interiormente, o sea como nos afecta lo que acaba de suceder o sucedió con anterioridad.

Si alguien nos elogia, podemos sentirnos felices y eufóricos pero esto puede indicar que cuando nos critiquen nos sentiremos infelices y tristes. En todos los casos, tenemos la libertad de elegir nuestra respuesta interior: escogemos sentirnos bien o por el contrario optamos por sentirnos mal.

El Dr. Viktor Frankl, en su libro «El hombre en busca de sentido» cuenta que estando en un campo de concentración nazi durante la segunda guerra mundial y sometido a atroces torturas, descubrió que más allá de lo que le hicieran a su cuerpo, él decidía cómo había de afectarle interiormente lo que estaba sucediendo. Disciplinando la mente, el dispuso de más libertad interior para conservar su dignidad en su vida de prisionero.

En ocasiones, nos puede tocar desempeñar un trabajo excesivamente largo o una tarea tediosa y monótona y como resultado sentirnos frustrados, infelices y de mal humor. En realidad, el trabajo no es el responsable, somos nosotros que decidimos sentirnos mal.

Si por el contrario elegimos sentirnos bien, afrontaremos cualquier reto con optimismo y creatividad y aunque nuestro cuerpo se canse, bastará un merecido descanso para volver a sentirnos con fuerzas.

Cuando reaccionamos a un estímulo, dejamos que nuestro inconsciente decida por nosotros. Nuestro inconsciente es una gigantesca base de datos donde se almacena todo lo que hemos aprendido desde que nacemos y las experiencias vividas.

Sin él no podríamos hacer nada, ni siquiera hablar ni caminar, pero todo lo allí guardado está en forma de programas, o sea una serie de instrucciones de qué se debe hacer en cada caso por lo que las decisiones inconscientes utilizan pautas aprendidas con anterioridad, algo así como un avión volando con el piloto automático.

¿Cómo hago para no reaccionar a estímulos? Lo primero es determinar qué situaciones nos afectan negativamente o nos producen euforia. Dado que las respuestas las envía el inconsciente, debemos enseñarle a contestar de manera
distinta.

Para eso usamos el cerebro consciente y mediante la disciplina mental y la práctica diaria, podemos cambiar nuestra respuesta, usando el espacio que existe entre los dos para imaginar previamente cómo acabará la situación, conversando con nosotros mismos o recordando imágenes del pasado.

Cuando algo nos ocurre, imaginamos por ejemplo que nos lanzan un balón: podemos esquivarlo, que rebote en nuestro cuerpo o sostenerlo con las manos y examinarlo, tal vez nos dice que estamos gordos o feos; pensamos que nos hubiera gustado parecernos a Pierce Brosnan pero dado que no es posible, no tiene por qué afectarnos y soltamos el balón.

Al cabo de un tiempo de ejercitar la mente consciente, ésta creará un nuevo programa subconsciente que modificará el que existía hasta entonces y notaremos el cambio y la magia. Podemos percibir entonces cómo nos convertimos en espectadores de las cosas que nos suceden lo que nos da una nueva perspectiva y una respuesta más creativa.

Los elogios serios merecen nuestro agradecimiento y nos indican que estamos en el camino correcto. Las críticas nos alertan y marcan nuestros límites. No subestimemos ninguno de los dos, sólo busquemos un equilibrio.

Elias Benzadon